Ya me gradué, ¿y ahora qué?

04 / Diciembre / 2013  --  4:00 pm

 
 
 

Por Ana Carolina Iga César, MEE 2012

Hace ya un año y medio que participé en la convocatoria Medalla de Estudiantes Ejemplares 2012; a pesar de no haber ganado la medalla, mi familia estuvo muy orgullosa y no dejaban de decirme que para ellos, yo había sido un ejemplo y que la patente de reconocimiento que recibí para mí debía ser solo un recordatorio de la trayectoria que llevé durante mis años de universidad.

Durante la universidad me mantuve ocupada todo el tiempo: participaba en asociaciones de estudiantes, eventos, grupos de estudio, estudiando, como tesorera en una asociación nacional de jóvenes y haciendo prácticas profesionales además de colaborar en distintos proyectos sociales por lo que siempre fui una estudiante de “agenda llena”.

Al graduarme, quedé cerca de recibir la mención honorífica de mi generación, recibí la patente de reconocimiento de Medalla de Estudiantes Ejemplares y un diploma por liderazgo estudiantil por parte de mi universidad. Todo iba perfecto, pero la verdadera pregunta de cualquiera al acercarse el momento de graduación es: “¿y ahora qué?”. Estaba confundida, no sabía si emprender un negocio consiguiendo financiamientos, iniciar una carrera dentro de una empresa, unirme a una Organización No Gubernamental o seguir estudiando. Hacía lista de los posibles pros y contras y seguía confundida, por lo que decidí ir por todo. Comencé a reunir papeles para una maestría en CONACYT, pensar en modelos de negocios o necesidades que había para satisfacer, buscar cursos y diplomados y aplicar a diversos trabajos cada día. Parecería que iba a tener un sinfín de opciones de las que iba a tener que elegir, pero el principal problema fue que no fue así.

La primera decisión que tuve que tomar fue si aplicar a una beca para un MBA en el extranjero. Debido al poco tiempo de planeación, falta del examen GMAT (que piden las mejores universidades) y que algunas colegiaturas excedían el apoyo, elegí universidades de segundo nivel que me aceptaron a pesar de esas limitantes, y no solo eso, sino que algunas me habían ofrecido becas por mi desempeño académico. No sabía qué hacer, pero eso mismo me hizo pensar que quizás sería mejor hacer el GMAT, ampliar mis opciones e intentar aplicar en universidades de primer nivel, por lo que dejé pasar la convocatoria. Ahora que había estado investigando sobre maestrías, me di cuenta que verdaderamente quería hacer una en el extranjero, por lo que la idea de emprender un negocio debía posponerse al menos hasta después de mi maestría, además probablemente tendría mayores recursos, por lo que decidí apostar por aplicaciones de trabajo en empresas que me ofrecieran cumplir con mis objetivos profesionales. La tarea no fue fácil; en el mundo académico diferentes universidades me ofrecían becas, sin embargo, en el mundo laboral todo era más difícil: en ocasiones los argumentos se parecían a “no eres lo que estamos buscando”, en otros “no podemos alcanzar tus expectativas económicas” y en otros casos “creemos que tienes mucho potencial y no podemos ofrecerte una carrera aquí donde puedas explotarlo”, así que al final empecé a desesperarme.

Al mismo tiempo busqué cursos de preparación para el GMAT. Encontré uno en el Distrito Federal y fui a hacerlo, estudiando durante las tardes y asistiendo a entrevistas de trabajo durante las mañanas. Al comparar las ofertas de trabajo en la Ciudad de México y en San Luis Potosí me di cuenta de que en México había más corporativos y más posiciones de consultoría que quedaban más con mi perfil, mientras que en San Luis Potosí la mayoría de los trabajos eran relacionados con la industria, ingeniería, ventas y PyMEs.

Al finalizar el curso, regresé a San Luis Potosí a dejar algunos papeles en orden y dejé agendadas algunas citas en México, sin embargo, envíe aplicaciones a vacantes que encontraba a través de diferentes bolsas de trabajo en San Luis para aprovechar el tiempo. Me sorprendió que justamente en San Luis encontrara un trabajo que se adaptaba a mis intereses: una incubadora y aceleradora de empresas que, a pesar de ser una empresa pequeña, me ofrecía involucramiento en distintas áreas y poder aplicar lo que estudié, que es, en otras palabras, lo que más me gusta. Sabía que haber encontrado trabajo no era el fin de la historia sino el principio.

Empecé a aprender mucho y a llevar la teoría a la práctica, lo cual no fue tarea fácil, y a los cuatro meses de haber iniciado encontré un diplomado interesante que podía complementar las tareas que estaba realizando en la empresa. El Centro México Emprende apoyaba con un gran porcentaje, y después de platicarlo con el Gerente General de la empresa, el otro porcentaje se pagó por parte de ellos. Los siguientes cuatro meses estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, aprendiendo cosas nuevas que podía aplicar directamente en la Empresa y aportando en la maestría conocimientos que estaba adquiriendo en mi trabajo. En la Empresa estuve trabajando con la idea de proyectos de alto impacto social, ambiental y tecnológico, y empecé a pensar que realmente el futuro de los negocios estaba enfocado en esas áreas, ya que el mundo pide a gritos acciones que consideren que los recursos se agotan, por lo que tanto tecnologías como innovaciones debían enfocarse en principios de responsabilidad.

Investigando sobre el tema, como de costumbre cuando algo me interesa, encontré algo nuevo: una maestría en innovación que consideraba la responsabilidad social. No podía creerlo, era justo lo que quería, pero empecé a comparar universidades y a contactarlas hasta que encontré una maestría nueva que me abrió aún más los ojos: Master Universitario en Competitividad e Innovación (MUCI). Lo interesante es que no solo consideraba los conceptos de innovación y competitividad desde un punto de vista empresarial, sino también desde el punto de vista territorial. La maestría era, además, en inglés para atraer a un mercado internacional, aunque estaba basada en España. Era perfecta; al ser de un país en desarrollo podía tener discusiones con compañeros del primer mundo para conocer las políticas y organizaciones que después podrían aplicarse en mi localidad. Ahora lo que faltaba era el financiamiento, ya que consideraba que una vez graduada era mi responsabilidad hacerme cargo de eso. En la Universidad Española estaban impresionados con el hecho de que a mi edad tuviera ya años de experiencia profesional, las actividades en las que me había involucrado y el desempeño académico, por lo que me ofrecieron ponerme en primer lugar de candidatura a una beca del 30%, que al final se me otorgó. Recordé que durante el proceso de selección con Trayectoria de Éxito nos mencionaron unas becas de CONACYT, por lo que me puse a investigar y justamente mi maestría encajaba en las áreas que cubría la beca, por lo que decidí aplicar por el otro 70% y los gastos de manutención. Al final, me dieron la beca, estaba emocionada, ya había platicado con el Gerente General de la Empresa, pero ahora era un hecho: me habían ofrecido la beca. Él me dijo que desde su posición en la empresa me ofrecía una maestría en la Ciudad de Guadalajara y que era conveniente para ellos que me quedara, sin embargo, después de una larga plática, me dijo que desde el punto de vista personal sabía que sería una experiencia enriquecedora para mí y que era una oportunidad que no podía dejar pasar, también me dijo que en caso de que al volver siguiera interesada en la empresa, podía volver, ya que estaban satisfechos con mi trabajo. Las conversaciones con mi jefe, con mi familia, amigos y mi novio me alentaron a seguir adelante, ya que sabía que contaba con apoyo y que todo se estaba aclarando, por lo que estaba segura de que iba por buen camino.

Ahora estoy en San Sebastián, España, estudiando la maestría, en la cual debo decir me ha ido muy bien. Ha sido un reto el adaptarme a formas de trabajo distintas y estudiar con compañeros de otras partes del mundo, pero ha sido una experiencia muy enriquecedora y me alegra que viniendo de un país en desarrollo he recibido felicitaciones por la preparación que tengo, y mis compañeros me votaron delegada de la maestría. Ha sido muy diferente a otras veces que he estado fuera del país como mi semestre de intercambio durante la universidad o el año que estudié inglés, aunque los dos me sirvieron como base para lo que estudio ahora. Ahora tengo muchas ideas que me gustaría poner en marcha en México una vez regresando, ya que considero que el haber tenido oportunidad de estudiar, y más aún recibir apoyo para esta maestría reitera el compromiso que tengo por hacer algo por la comunidad en la que vivo y poner mi granito de arena para el desarrollo de mi ciudad y así, del país también.

Espero que mi experiencia sirva para motivar a aquellos que se sienten perdidos después de graduarse para darse cuenta de que las oportunidades están ahí, el punto es encontrar lo que nos apasiona y luchar por conseguirlo y no conformarse con opciones fáciles o que no les satisfacen, y aunque todo parezca difícil y desmotive el pensar que no importa lo que hagamos como estudiantes, porque los trabajos no pagarán más por eso, al final todo sirve, quizás no para lo que habíamos pensado, pero para algo más, y mientras estemos comprometidos con dar lo mejor de nosotros mismos, nunca nos rindamos, creamos en nosotros mismos y sigamos intentando, todo es posible.

 

Por: Fernando Schekaiban

 
 
 
 
 
 
 
 

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